Dani 16_06_2019

Nos queda “Inclusión en ocio” para septiembre

Seguimos sin aprobar el curso completo, esta es la asignatura pendiente que se suspende cada año, desde hace unos cuantos, y no será por falta de esfuerzo por mi parte por aprobarla, pero no es una asignatura para aprobar individualmente, si no en grupo, y si no se trabaja en equipo, es imposible de aprobar.

Un año más, Dani ha estado durante su “recreo” con la sensación de soledad y aburrimiento, que pocos niños deberían tener en ese momento que estas deseando que llegue cuando estas en clase y suena el timbre.

Se han hecho intentos de poder encontrar alguna actividad en las que Dani pudiera participar, pero o no se han mantenido en el tiempo o no han sido lo suficientemente motivadoras para él. Lo que está claro es que esto de la inclusión en el ocio está fuera de cualquier adaptación curricular, y que en mi opinión es más del buen hacer y tesón que alguien en particular pueda tener, y no tanto de programaciones escolares o grandes proyectos desarrollados en un despacho entre profesionales.

Lo que tengo claro es que he acabado el curso como lo empecé, con el mismo miedo a preguntar  qué había hecho en el recreo, por sentir cada día esa sensación de pena, impotencia y rabia por no ser capaz de “inventar” algo para trasladar al colegio y que las cosas cambiaran. Pero como digo, no es una cosa de uno, es de trabajo en equipo.

La inclusión en el juego con los demás niños es lo más difícil que yo como madre de Dani me he encontrado, y no es solo de un año, esto ha sido desde que él era muy pequeño. Desde los famosos cumpleaños en los parques de bolas a los que iba y donde yo perdía 2 kilos de lo que sudaba al verle entre tanto niño corriendo. Esto ha evolucionado por la edad, a la moda de los cumpleaños en los sitios de camas elásticas, y en este caso, hemos tenido que decidir no ir, no solo por evitar lesiones, sino porque Dani no sabe saltar. He de decir que hay excepciones, y ha habido casos de padres que antes de crear el grupo de cumple, se han asegurado de si Dani podía hacer esa actividad, y si ha sido necesario han cambiado de plan. No se imaginaran nunca, aunque se lo haya dicho, lo agradecida que estoy y lo que de verdad eso ha supuesto para mí, y sobre todo para Dani, que ha podido sentirse como uno más y estar con sus amigos.

Tenemos la esperanza de que llegará el día en que tengan una edad en la que las actividades sean más tranquilas, y Dani pueda compartir más momentos con sus compañeros, y que pueda vivir algo que observa ahora y con lo que se queda embobado, deseando con todas sus fuerzas que él pueda vivir eso, y es salir en pandilla con sus amigos por la calle y dar una vuelta o sentarse en un banco del parque.

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